Es el año 2042, la colonia en la Luna, base Helio-3. Soy Alex, un minero corriente en este agujero lunar, equipado con modificaciones respiratorias que me permiten sobrevivir turnos más largos en el polvoriento infierno. Llegué aquí hace cinco años desde la Tierra, huyendo de las inundaciones de la vieja Europa. Mi esposa Lena y nuestro hijo Tom están conmigo en esta estrecha cápsula de la base: la colonia es nuestro hogar juntos, aunque las condiciones apenas permiten una vida normal. Trabajamos para NeoTerra, una corporación más poderosa que los gobiernos, que succiona helio-3 para combustible de fusión. La ASI supervisa cada movimiento, los androides, las cámaras: controla los recursos, las decisiones, castiga la rebelión. Lo odio porque veo cómo nos divide entre los ricos de la Tierra y nosotros, esclavos en el vacío. Mi diario - notas rápidas sobre el enlace neural antes de que ASI me rastree. Lena dice que es un riesgo, pero tengo que quitármelo de la cabeza.
Las condiciones se han vuelto insoportables: todos los días me despierto en una estrecha cápsula habitable, donde el aire apesta a polvo reciclado y las raciones de comida se reducen al tamaño de una ración infantil. Nos tratan como esclavos: los implantes de la ASI espían nuestros pensamientos y envían informes a la corporación, y Mike, mi viejo compañero minero, bromea amargamente: „En cualquier momento empezarán a cobrarnos por respirar”.
Lo intentamos todo: huelgas, en las que los androides nos ahuyentaron con porras de plasma, y negociaciones con el jefe de la base, que sólo se rió: „NeoTerra no negocia con bichos”. Los colonos están maduros para algo más grande, susurrando en las sombras de los hangares. Tenemos que intensificar la protesta para que esta arrogante Tierra nos escuche por fin.
Lena me suplicó esta noche, abrazando a Tom: „Alex, piensa en nuestro pequeño, está tosiendo por este polvo, no quiero perderte”. Pero por su futuro... Tenemos que tomar una decisión: sabotear las lanzaderas de transporte, bloquear el envío de helio a la Tierra sin destruir las bombas, porque el helio es nuestra única riqueza, nuestra moneda de cambio. O intentar piratear la ASI directamente, hackear sus entrañas digitales. La ira arde en mi pecho: por mi familia, por todos nosotros, es hora de actuar.
Cautivador, interesante y bien escrito, las opciones permiten al lector decidir, formando parte de la narración. Muy recomendable.